QUÉ NOS DEJA EL COVID-19

Si alguien me hubiese contado que en el año 2020 íbamos a vivir una pandemia de esta magnitud, habría pensado que ese alguien debía ser ingresado a un hospital psiquiátrico de manera urgente. Sin embargo, hoy el mundo es testigo fiel que los virus atacan y no hacen distinción de condición social, económica o ideológica; que actúa, en algunos casos, de manera letal que termina por arrebatarnos a nuestro seres queridos.

Desde mi departamento en la ciudad de Guayaquil y cuidando de mis padres de la tercera edad, escribo este blog mientras cumplimos la “cuarentena” o el “quédate en casa”,  al que estamos obligados todos los ecuatorianos por los efectos del Coronavirus, Covid- 19. En este encierro, conviviendo con mis padres las 24 horas del día, cocinando (tarea que no es mi fuerte), limpiando, leyendo, contestando mis correos, revisando documentos de mi trabajo legislativo, haciendo ejercicio para no enloquecer y de tanto en tanto viendo películas de terror como “Virus” por Netflix, donde ilustra un panorama similar al que estamos viviendo.

Decir que no estoy agobiada, sería mentirles, pienso en todos los que tienen un familiar contagiado o muy enfermo, los que están ingresados en hospitales y los que están muriendo, a quienes ni siquiera se podrá dar el último adiós. Pienso en los que no tienen un solo ingreso para poner un pan en su mesa, en los que no tienen un techo donde aislarse, en  los cientos de trabajadores informales, en los desempleados, en los emprendimientos, en las empresas (no importa su tamaño) que tendrán que cerrar producto de la crisis, si no se toman medidas emergentes para salvarlas y reactivar la economía.

No es fácil estar positivo en estas circunstancias, lo sé, pero en los tiempos difíciles y ante la adversidad hay que levantarse, porque los ecuatorianos y en especial, los guayaquileños, nos hemos caído tantas veces como las que nos hemos levantado y ahora no será la excepción. Entonces los invito a pensar que sus familiares van a sanar, que podrán velar a sus seres queridos y llorar en medio de abrazos,  que volverán a disfrutar de una caída de sol, del sonido de las olas cuando rompen en la orilla, del  trineo de los pájaros, que seguro estarán más felices por menos contaminación, de encontrarte con los tuyos, de ese abrazo y beso que extrañas de quien está lejos, porque estoy segura que vendrán días mejores.

He escuchado decir que luego de esta crisis nada volverá a ser igual, que el mundo será otro y ojalá sea así, pero sobretodo que cambiemos nosotros. Que el odio, la discriminación, la inequidad, la desigualdad sean nuestras prioridades a erradicar; que quede claro que la salud pública y gratuita no es un capricho, es un derecho humano que hoy más que nunca hemos valorado, donde no se trate como gasto lo que es una inversión en lo más preciado que tenemos todos, la vida.

Quizá estemos rotos, pero así, a pedazos, nos levantemos y aprendamos a disfrutar de las maravillas de la vida que no tienen precio pero sí valor; que en el camino de la vida debemos despojarnos de las cruces innecesarias que llevamos en nuestros hombros;  que abracemos como nunca, que perdonemos sin condiciones, y que besemos como si no hay mañana.

Covid -19 nos ha dejado la posibilidad de volver a nacer y reinventarnos, eso es fundamental. Todo lo  demás siempre se podrá resolver si tenemos salud.

Finalmente, gracias miles a todos esos héroes invisibles que siguen trabajando y que nos han permitido subsistir en esta crisis.

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